Encaprichamiento

11118884_10153228234704371_1493323340_nEstá sentada en la plaza mirando a la gente caminar. Se pregunta qué pensarán, si notan su presencia. Observa de reojo un libro de cine que él le regaló. Mira reiteradamente el celular esperando que se apiade de ella. Se enoja ¿Cómo alguien puede pensar tanto en sí mismo? Pasó toda la noche sin dormir planeando el encuentro. Se aseguró que el vestido rojo que lleva puesto esté en perfectas condiciones, ahora comienza a tener arrugas. Tiene la esperanza de que la recuerde, lo llama con el pensamiento. Comprende que se durmió pero tiene calor, el verano agobiante impacta sobre su frente. Una gota de sudor recorre su rostro. Mira el celular nuevamente y llega un mensaje de él. No puede evitar sonreír, se reincorpora con firmeza, como si la estuviera espiando. Le pide perdón, le informa que fue una noche agobiante y le pide que lo espere mientras verifica si tiene trabajo. ¿Qué lo espere? Piensa que le está tomando el pelo y, enojada, le responde que está bien. Se cree una estúpida, siente que la gente la mira, piensa que saben que está desolada,  imagina que saben cuánto necesita del amor. Levanta su bolso, guarda el libro y comienza a caminar. Trata de no alejarse de la parada de colectivo, no vaya a ser que le avise que vaya a su casa. A los diez minutos ya miró las vidrieras de las tres cuadras a la redonda y se sienta en otra plaza cercana. -Esto es lo bueno de las ciudades grandes – piensa, – acá puedo desolarme y pasar desapercibida -. Saca el celular y lo mira, no sabe que pensar. Le llegaron mensajes de sus pretendientes pero, ella solo se interesa por él. No por su belleza, que le falta, o por su dinero, que le sobra. Sino, porque su humanidad no le permite ser tan egoísta de pensar en ella y dejarlo solo, más solo que ella.

Luego de una hora sentada se siente observada de nuevo. Está triste, enojada, ¿cómo puede ser tan inocente? Le escribe un mensaje diciendo que ya pasó más de un rato, espera que entienda su ironía. Ve los mensajes que recibió, al ver el de Lucas recuerda sus ojos negros y, sin pensar, le escribe que si quiere pueden verse. Piensa que si le dice que sí, ella lo deja a ese pudriéndose en su desinterés, pero Lucas le dice que puede en dos horas y ella ya no quiere pensar más. No quiere volver a su casa y envolverse en su rutina, en su vacío. A lo lejos ve el cartel de un cine y se dirige a la boletería. Sabe que no le sobra el dinero pero no le importa. Saca una entrada a la película más cercana y al instante Lucas la llama y le dice que la espera en su casa cuando salga.

Está sola en la sala, recibe un mensaje de ese al instante de comenzar la película. La luz del celular ilumina los asientos. Él le pide perdón, que estaba en una reunión de negocios. Ella le dice que ya es tarde, que luego se va a su casa. Nuevamente le pide perdón y le dice que la espera en la puerta a la salida. Ella se pone feliz, prácticamente no ve la película.

Al finalizar la función le avisa que salió pero él no responde. Decide llamarlo y no atiende. Recibe un mensaje diciendo que está manejando. Ella se sienta en un banco de la peatonal a esperarlo. Pasa una hora y comienza a caminar. Está muy molesta, piensa en todo lo que va a decirle, en hacerse valorar. Pasa otra hora caminando y llega a un edificio, toca el numero cincuenta y cuatro. Luego de unos minutos, un morocho de ojos de pez abre la puerta sonriendo, – que bueno que viniste- le dice. Ella le pide perdón por no avisar, que disculpe su apariencia desprolija. Lucas la toma de la mano y le dice que esta hermosa. Ella se siente valorada e importante por un segundo. Saca el celular y tiene otro mensaje de él. Dice que tuvo un percance, que lo perdone y le pregunta donde está. Ella apaga el celular. Mira a Lucas y este, con sus enormes ojos, le pregunta si quiere estar en otro lado. Ella le responde que sí, en su cama, abrazados.

Encaprichamiento

Cuestión de ser

Una vez me juzgarDSC_0023on de no tener experiencia en la vida y logré defenderme. Logré llegar a un punto donde sentí la sabiduría de años de mi vida. Más de una vez conocí a personas sin la capacidad de ponerse en el lugar ajeno, personas que no dudan en degradarte si estás interfiriendo en sus planes malvados. Sufrí el desprecio de personas que, a partir del ser superiores físicamente, creían tener el derecho a insultarme, pegarme, escupirme, hacerme creer que mi razón de ser no existía. Sufrí la perdida de seres queridos solo porque se sintieron amenazados por mi persona. Aprendí que todos prejuzgan y que todos creen saber la vida que llevo. Aprendí a actuar distinto con los demás, aprendí que actuar no es bueno, aprendí que es más divertido ver que creen los demás de tu persona.

Cuando el mundo te afecta no hay que huir a esconderse, es un método muy utilizado y poco eficaz. Huir de los problemas solo posterga el hecho de enfrentarlos, tarde o temprano volverán y van a aplastarte con el peso de mil elefantes. No te dejarán respirar y la escapatoria será el suicidio, mental o físico, sensorial o extra señorial.

Tarde o temprano tendrás que despertar, deberás enfrentar la realidad y descubrirás que el mundo es hermoso. Que el sol brilla todas las mañanas y que la luna tiene tantas siluetas que logran enamorar. Que el cielo es más celeste que cualquier pintura y que las nubes son más esponjosas que tu almohada. Que una sonrisa perdura en la memoria y que un acto de amor perdura en el corazón. Que un abrazo cura más heridas que el alcohol y que un simple aliento genera fuerzas para atravesar paredes.

Todas las preguntas ya fueron hechas pero no todas las respuestas. Siempre va a existir la renovación y la oportunidad. No pierdas la capacidad de soñar y de ser. Que del ser, de la vida y de la muerte no escapa nadie.

Cuestión de ser